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lunes, 22 de septiembre de 2008

Resaca del Corcovado

El domingo 22 no me podía ni levantar de la cama. Me dolían horrores todos los músculos de las piernas, en especial, de la derecha. Levantarme de la cama o de una silla me resultaba una tortura. Por el contrario, descubrí que la marcha horizontal no me resultaba ningún problema. Eso sí, tenía que ser totalmente recta y horizontal. Llegué a la conclusión de que ese dolor era por el esfuerzo en el tramo final del ascenso al Corcovado que hice de músculos que normalmente no se utilizan. Estuvimos subiendo peldaños irregulares de medio metro y haciendo equilibrios. Así también se explica el uso asimétrico de ambas piernas, y declara sin lugar a dudas cuál es mi pierna dominante.

Subida al Corcovado (tercer intento)

El viernes 20 quedé con Jorge para repetir la excursión al Corcovado que el hiciera con Javier Ribón en 2006, pero sin lluvia. Como el camino no es claro y el que se lo sabía era Javier Ribón, miramos en internet y encontramos un mapa detallado para no perderse. Como a esa hora estaba cerrada la sala donde se puede imprimir, lo copié a mano, que tampoco cuesta tanto siendo tan esquemático.
Habíamos quedado el sábado a las 9:30 en el Parque Lage, y conseguí madrugar lo suficiente. Lo que creí que me iba a retrasar fue Doña Celia, que tiene una habilidad para buscar los momento más inoportunos para decir cosas importantes. Tengo la sospecha de que lo hace a posta, para intentar pillarte en un renuncio o que le des la razón para librarte de ella y pasar a lo importante.
Pensaba que llegaba tarde, pero un sábado a esas horas no hay nada de tráfico. Hice un trayecto en ómnibus que me dio incluso 5 minutos de adelanto. Allí me encontré con Jorge y comenzamos a subir hasta por la parte que era fácil de recorrer pero fácil de perderse, porque había muchas bifurcaciones. Luego seguía una parte muy empinada donde era imposible perderse, porque sólo había un camino. En ocasiones parecían escaleras marcadas por las raíces. Otras veces había que agarrarse a las ramas. Si el camino estás húmedo debe ser peligroso.
Ya dejamos de charlar y sólo decía Jorge “todavía queda lo peor”. En un momento había que escalar una roca resbaladiza sin puntos de apoyo ni de agarre. Jorge dijo “pues hay otro sitio peor ya cerca del final, tanto que han tenido que poner unas cadenas”. Pudimos comprobar que ése era el sitio que antes tenía las cadenas, pues conservaba las argollas y estaba cerca del final. Fuimos a dar a la vía del tren, a una altura donde hay santos: Nossa Senhora, São Sebastião, etc. Cuando estábamos mirando el paisaje en la curva OH, pasó el tren subiendo. Al llegar arriba pudimos comprobar que no se podía subir al Cristo sin entrada, salvo si subes en el tren, y que tampoco se puede comprar la entrada arriba. Lo mismo les pasó a los grupos que hacían el camino delante, y supongo que también a los que venían detrás.
Antes no cobraban por entrar, se les debe haber subido a la cabeza eso de ser Maravilla del Mundo. Está bien que lo exploten, pero que dejen la posibilidad de comprarlo arriba. Simplemente no habían considerado que la gente puede subir desde el Parque Lage, que es una ruta conocida y figura en las guías, en lugar de por la carretera. Para evitar la congestión en la cima del Corcovado, lo que habían hecho era poner la entrada en Paineiras, no dejando subir vehículos más que de los trabajadores. La gente compra la entrada en Paineiras y toma unos microbuses que suben y bajan, como a Machupicchu. La única solución que nos dieron fue que bajáramos en microbús, compráramos la entrada y volviéramos a subir. Tampoco sé si nos habían dejado montarnos sin entrada.
Evidentemente bajamos, pues ambos habíamos estado ya antes. La bajada fue larga; más que la subida, porque es menos empinada. En un cierto momento rodeamos una favela . Menos mal que iba con Jorge, porque me habría dado mucho miedo estar tan cerca de una favela solo. Cuando empezó el barrio de Cosme Velho es cuando el camino volvió a ser empinado. Había que irse frenando de lo inclinas que estaban las calles, algo así como la calle que baja entre las Cerradillas y la casa de la Cristi.
Ya abajo, vimos la plaza del Boticario y seguimos para Laranjeiras. Vimos los soportales donde se refugiaron Jorge y Javier Ribón. Paramos en un restaurante de Laranjeiras a comer feijoada, porque los sábados es costumbre comer feijoada. Ninguno pudimos con lo que nos sirvieron, aunque Jorge cayó antes. Como hacía buena tarde y ya estaba cerca del centro, decidí marchar a Niteroi. Tomé un ómnibus hasta la Praça XV, que es donde se toma el ferry a Niteroi. Cuando ya estaba en Niteroi me di cuenta de que no tenía más referencia de dónde estaba el Museo diseñado por Niemeyer que cerca. Estuve pasaeando por Niteroi, pero nadie me ofrecía confianza para preguntar.
Volví decidido a ir a Lapa, bien al 2º concierto del ciclo que empezó la semana anterior, bien a tomar el 409. Para no volverme a perder, retrocedí hasta la Avenida Presidente Vargas, hasta llegar a la estación de metro Uruguaiana. Ahí pude ver en el plano que tienen cuál era el camino hasta Lapa. Por el camino, puede ver la extraña catedral de São Sebastiao, pero parece una pirámide azteca, pero conoidal. En Lapa vi la temerosa cola que había para el concierto, así que tomé el 409 y me fui a casa a ducharme y a descansar. Supongo que si hubiera llegado 5 minutos antes en Niteroi, podría haber tomado el ferry anterior y llegado antes. También habría ganado tiempo si me conociera Centro.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Subida al Corcovado (segundo intento)

Esta tarde subí finalmente al Corcovado. Tampoco encontré autobuses de la línea 584 que buscaba ayer, pero ya me había mirado otras líneas alternativas. Puede tomar la 570, cuyo itinerario al principio de despistó, porque atraviesa un túnel alterando el orden normal de los barrios. Llegué pues, a Cosme Velho, de donde sale el tren al Corcovado. Localizar la estación no tiene pérdida, porque está enfrente de la iglesia del apóstol olvidado. Allí estaba la parroquia de San Judas Tadeo, cuyo título rezaba “Judas apóstol y mártir”.
Yo veía una cola temerosa, pero luego me dijeron que yo no tenía que esperarla, que era un grupo organizado. Ese tal grupo era el 12º congreso de la pastoral familiar. Todos llevaban cruces, rosarios y medallitas del Papa. En el vagón todos los que me acompañaban eran de este grupo, pero me dejaron colarme para entrar en el primer grupo. El tren es electrificado con catenaria, pero tiene una cremallera entre ambos raíles para poder subir las cuestas. La subida es impresionante, y la vista desde arriba también.
El cristo es más pequeño de lo que me esperaba. Está todo hecho de triangulitos pequeñitos; si fueran azulejos lacados, parecería de Gaudí. Tiene marcados el corazón y los agujeros de los clavos. Aparecieron unos animales salvajes que iban a buscar entre la basura algo de comer. Parecían una cosa intermedia entre mapaches y tasugos. Eran muy graciosos y los turistas les echaban de comer.
El tiempo que prometía soleado, se torció según caía la tarde. ¡Malditos autobuses que me impidieron haber ido ayer! Pero aún así, tuve la oportunidad de ver la ciudad desde sin nubes hasta con niebla. Incluso nos atravesaron algunas nubes, lo cual resultó espectacular: el cristo se llevaba a desvanecer por completo para emerger entre la niebla, como cuenta el evangelio que se les apareció a los apóstoles después de resucitado.
El problema era que todo esto vino acompañado de viento, de frío relativo y de algo que parecía lluvia, y yo me había ido de corto por el gran calor que hacía y se preveía. Lo que parecía lluvia creo que era condensación en las hojas de los árboles, porque sólo llovía debajo de ellos. El espectáculo del cristo en la niebla lo vi sentado en el suelo, para cortar el viento, pero luego ya me marché a tomar el tren de vuelta. En la cola sí que pasé frió, hasta que pasamos a la zona de embarque, pero lo pasé menos tiempo que muchos otros.
Abajo en Cosme Velho hacía 22ºC y se podía pasear. Me la volvieron a jugar los autobuses. Me coloqué en la acera donde esperaba encontrar el 569, que es el sentido inverso de aquél con el que había venido. Encontré dos autobuses de las 583 pasando por San Judas Tadeo en sentidos opuestos; yo fui al de mi lado, pues esperaba que fuera el mío, pero era el contrario, porque iba por Botafogo en lugar de por el túnel. Me cambié de acera y esperé a que pasara algún 583. Comencé a bajar la calle y no me topé con ninguno hasta Largo de Machado; lo que sí me encontré fue venir a varios 584, que es con el que quería haber venido ayer. ¡Malditos autobuses de Rio!
Allí en Largo de Machado hay una boca de metro. Con el billete unitario no se puede trasbordar, pero se puede pedir unitario+trasbordo por el mismo precio. Así ya entiendo qué sentido tiene utilizar el Metrô na Superfície, siendo más caro que el ómnibus, es que se puede conseguir un trasbordo gratis. Mi idea era tomar el metro hasta Botafogo y continuar con el trasbordo hasta Jardim Botânico. También podría hacer tomado allí el 409, que me deja en la puerta de casa, pero esta vez sí que me veía con ganas de subir Pacheco Leão, no como el día del eclipse.
Resulta que el tiempo que te dan para trasbordo es de 2h, y trasbordando en la 2ª estación me iba a sobrar por todos los lados, así que decidí aprovechar ese tiempo para cenar en el Kilograma, que está a veinte metros de punto de trasbordo, ya que empezaba a tener hambre y no me apetecía esperar.
Aunque sea más caro que el ómnibus, yo me fío del metro, porque sabes por dónde tiene que pasar. Ya me tengo trazada una excursión que puedo hacer por el sencillo del Metrô: Maracanã y Maracanãzinho. Acepto comentarios de los futboleros, que me digan qué es lo que se podría ver por allí.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Subida al Corcovado (primer intento)


Esta tarde iba a ir al Corcovado, porque estaba bien despejado, pero me traicionaron los autobuses. El tren del Corcovado se toma en Cosme Velho y, según la página web, la línea 584 cubre el trayecto Ióquei-Cosme Velho, pero no pasó ninguno. Como no puedo estar parado esperando, me puse a caminar en la dirección correcta y por la acera adecuada para poder ver al autobús. Mi idea era comer en Cosme Velho antes de subir al Corcovado, pero se me hicieron las 4 de la tarde. Comí en Botafogo en un restaurante a quilo (que se llama precisamente Kilograma) donde celebráramos el cumpleaños de Orestes. Desistí de ir al Corcovado, pues ya quedaba pocas horas de luz, y me decidía a ir a Lapa, para verlo de día.
Me perdí, con lo que se frustró también mi plan de ir a ver Lapa a la luz del día. Como yo no llevaba plano, mi idea era entrar por una boca de metro que me pillaba de paso y consultar allí el plano, que es muy extenso y detallado. La primera estación que encontré era la 3ª al sur de donde yo esperaba, por lo que había desandado mucho camino. Volví hacia al norte el equivalente a 4 estaciones hasta llegar a Lapa.
Podría decir que Lapa no es nada del otro mundo, pero mentiría. Lapa parece el mismísimo Hades. De hecho, nada más entrar en Lapa, cruzó por delante de mí un perro negro que frenó en seco para no ser atropellado por un coche. Un símbolo ctónico, según la mitología griega. Huele mal; las calles están llenas de porquería. La gente va a allí a bailar, a beber y, deduzco por los tenderetes, comer algún perrito caliente para llenar el buche. No salí antes de allí porque quería ver los famosos arcos de Lapa. Estos arcos de Lapa parecen un acueducto romano, y de hecho fueron un acueducto en el siglo XVIII. Ahora circula un tranvía por arriba.
Para volver, me volvió a pasar lo mismo, no encontrando la boca de metro que deseaba. Mi plan era ir en metro hasta Botafogo, cenar allí, comprar abarrotes y regresar en el 409, que me deja en la puerta de casa. No encontré el metro, pero sí por dónde pasaba la línea 409, así que cambié de planes y me llegué hasta Jardim Botânico. Podía haber seguido hasta casa, cenando allí y dejando las compras para el domingo, pero me bajé en allí para cenar y comprar. Como no era demasiado tarde, subí caminando, con lo que al final me ahorré R$2,60 y añadí 1,8km a mi paseo. En total fueron, según Google Earth, 19km.

martes, 5 de agosto de 2008

El Cristo del Otero

Todo el mundo conoce la famosa postal de Rio con el Cristo Redentor dominando la ciudad. Pues yo todavía no la he visto. Desde Jardim Botânico se ve muy bien el Corcovado, y el cristo que lo corona, pero se ve desde atrás. La estampa típica presenta un cristo con los brazos abiertos, acogiendo, redimiendo; desde donde lo veo yo, parece cualquier otra cosa. Como el Corcovado es un acantilado hacia donde mira el cristo, pero una loma hacia el otro lado, parece un tío al borde de un precipicio, bien dispuesto a lanzarse, bien tomando el aire en plan Titanic. También parece, pero para esto habría que hacer un foto montaje, “vamos, contra la pared, las manos donde yo las vea.
N.B.: Para el que no lo sepa, el Cristo del Otero está en Palencia y es el más grande después del de Rio.