Mi tren hasta Hendaya era un TGV, pero yo no le vi nada de lujo ni mejores prestaciones que al regional. Para empezar, no tenía reserva de plaza, habiéndolo comprado con 6 días de antelación. No había sitio para dejar los equipajes. Ocupaban medio vagón un grupo de críos con unos monitores de la SNCF con gorras verdes. Menos mal que el tren estaba lleno de españoles. Supe que aquél al que le fui a preguntar si me dejaba ocupar el asiento de ventanilla era español porque vi la portada del libro que se estaba leyendo: una de estas novelas gordas rusas, no recuerdo si Guerra y Paz o Crimen y Castigo. Allí me acabé de comer el bocadillo.
Aunque mi billete era hasta Hendaya, como el tren iba hasta Irún, seguí hasta Irún. Así me evitaba tener que tomar el EuskoTren, que no te deja en la misma estación de Irún. Parece ser que lo trenes salen de su país (los Alvia de España y los TGV de Francia) pero llegan al país contrario. En lugar de tener las vías mezcladas como en Hendaya, la estación de Irún tiene dos playas de vías separadas por la terminal de viajeros. Por cierto, no sé qué tiene el corrector del Word contra Irún, pero lo cambia a placer por Irán o por Atún.
Al llegar a la estación internacional guipuzcoana, como el TGV llevaba retraso, estaba esperando un Alvia con destino Barcelona. El nuestro, el Alvia con destino Madrid, saldría a las 4:20. Pude aprovechar, por fin, para llamar por teléfono. Por cierto, comprobé que cafetería en vasco es kafetegia. ¿Préstamo del francés?
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sábado, 20 de diciembre de 2008
domingo, 14 de diciembre de 2008
Hendaya y las Landas
Baje en territorio vasco-francés y ¡cómo jarreaba! Había un TGV esperando en el andén, pero no había pillado billete porque Renfe no me garantizaba que pudiera enlazar bien, ya que el margen era muy estrecho y aún no habían firmado un convenio con la SNCF al respecto. Me había dado tiempo a tomar el TGV, pero no a comprar los billetes en Hendaya. ¡Lástima!
Fui a taquilla para comprar los billetes de los regionales franceses, ya que tenía mucho margen. Pensaba que, al comprarlos en Hendaya, hablarían español. ¡Qué va! Al menos la megafonía y los algunos avisos estaban bilingües, ¡qué detalle! Más aún, más de la mitad de la sala de espera éramos españoles, o hispanohablantes, ya que un grupito eran hispanoamericanos.
La señora de la taquilla era una gabacha monolingüe y de mala leche, pero yo me llevaba escrito en francés lo que quería. Como tenía que pagar más de 100€ y yo no me aclaro para distinguir 80 de 4,20 en francés, pagué con tarjeta y listo. Revisé la estación de Hendaya para hacerme a ella, pues a la vuelta tengo menos margen y tomo el trene en Irún. Llovía como si si se hubiera reventado un dique. Estuve esperando un buen rato hasta que amainó, espacio que aproveché para salir a la estación de EurkoTren, más conocido como en Topo, a 50 metros.
Si la taquillera de Hendaya era una borde francesa monoligüe, el taquillero del taquillero del Topo era un paisano vasco muy campechano con todo su acento, que sólo le faltó decir aibalaostia. Seguramente ocurre esto porque ella era una empleada de la SNFC, empresa que opera en toda Francia, y él un empleado de EuskoTren, empresa que opera en las Vascongadas, que así es como se llaman conjuntamente esas tres provincias.
Los billetes de tren en Francia hay que picarlos antes de subir, como se hace en España con los abonos. ¿Para qué hacen eso, para que uno no pueda reclamar por retraso de un tren que no ha tomado ni cambio de un tren que ya ha utilizado? Me subí con antelación a mi regional TER, cuyos vagones recuerdan al Estrella. Salimon puntuales a las 4:05 e hice la mayor parte del recorrido solo en mi compartimento de 8. Hicimos un montón de paradas en la zona vasco-frencesa, pero donde hubo movimiento de viajeros fue en Bayona. Desde allí hasta Burdeos, fin de trayecto, no hubo muchas paradas pero sí más viajeros. Mi compartimento se llenó con otro viajero. Sí, se llenó, pero es que ambos teníamos un maleta en el pasillo, bolsa de mano, abrigo, etc.
Fui a taquilla para comprar los billetes de los regionales franceses, ya que tenía mucho margen. Pensaba que, al comprarlos en Hendaya, hablarían español. ¡Qué va! Al menos la megafonía y los algunos avisos estaban bilingües, ¡qué detalle! Más aún, más de la mitad de la sala de espera éramos españoles, o hispanohablantes, ya que un grupito eran hispanoamericanos.
La señora de la taquilla era una gabacha monolingüe y de mala leche, pero yo me llevaba escrito en francés lo que quería. Como tenía que pagar más de 100€ y yo no me aclaro para distinguir 80 de 4,20 en francés, pagué con tarjeta y listo. Revisé la estación de Hendaya para hacerme a ella, pues a la vuelta tengo menos margen y tomo el trene en Irún. Llovía como si si se hubiera reventado un dique. Estuve esperando un buen rato hasta que amainó, espacio que aproveché para salir a la estación de EurkoTren, más conocido como en Topo, a 50 metros.
Si la taquillera de Hendaya era una borde francesa monoligüe, el taquillero del taquillero del Topo era un paisano vasco muy campechano con todo su acento, que sólo le faltó decir aibalaostia. Seguramente ocurre esto porque ella era una empleada de la SNFC, empresa que opera en toda Francia, y él un empleado de EuskoTren, empresa que opera en las Vascongadas, que así es como se llaman conjuntamente esas tres provincias.
Los billetes de tren en Francia hay que picarlos antes de subir, como se hace en España con los abonos. ¿Para qué hacen eso, para que uno no pueda reclamar por retraso de un tren que no ha tomado ni cambio de un tren que ya ha utilizado? Me subí con antelación a mi regional TER, cuyos vagones recuerdan al Estrella. Salimon puntuales a las 4:05 e hice la mayor parte del recorrido solo en mi compartimento de 8. Hicimos un montón de paradas en la zona vasco-frencesa, pero donde hubo movimiento de viajeros fue en Bayona. Desde allí hasta Burdeos, fin de trayecto, no hubo muchas paradas pero sí más viajeros. Mi compartimento se llenó con otro viajero. Sí, se llenó, pero es que ambos teníamos un maleta en el pasillo, bolsa de mano, abrigo, etc.
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