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viernes, 19 de diciembre de 2008
El seminario lemovicense
Los viernes hay seminario a última hora de la mañana en Matemáticas. Allí se junta todo el mundo y después van a comer. Como a comer no van juntos, y nadie me invitó a comer con él, tomé un autobús y bajé a la ciudad. Tuve una suerte terrible, porque estaba justo en la parada. Bajé y comí en un restaurante pequeñito donde, casualmente, la dependienta hablaba español. No supo traducirme el postre, que era un pastel típico de navidad. Creo que en España no lo hay, que dulces navideños no nos faltan. Parece ser que es de tradición nórdica, por lo que me resultó sorprendente encontrarlo tan al sur. A la vuelta tuve tanta suerte con el autobús como para la venida.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Los alumnos de Jacques Arthur
Durante todo el martes estuvieron viniendo alumnos de Jacques Arthur porque exponían el miércoles y se examinaban el jueves. El miércoles, de hecho, Jacques Arthur no apareció hasta una hora tan tardía que yo ya me estaba marchando para poder tomar le último autobús y cenar en un sitio razonable.
Después de esperar un buen rato al autobús, desistí y bajé andando. Había una niebla espesa y mucho frío. Al final, cuando llegué, ya era tarde, pero no demasiado. Decidí explorar un poco los alrededores en otra dirección. Encontré una plaza llena de restaurantes tanto ella como las bocacalles. El problema es que a esas horas ya estaban cerrando, salvo los chinos. Así pues, cené otra vez en un chino, y pude comprobar cómo me pude comunicar exitosamente en francés con una china.
Probé si, por casualidad, funcionaba mi difunto teléfono y —¡aleluya!— funcionó. Parece ser que se secó y ya funciona.
Después de esperar un buen rato al autobús, desistí y bajé andando. Había una niebla espesa y mucho frío. Al final, cuando llegué, ya era tarde, pero no demasiado. Decidí explorar un poco los alrededores en otra dirección. Encontré una plaza llena de restaurantes tanto ella como las bocacalles. El problema es que a esas horas ya estaban cerrando, salvo los chinos. Así pues, cené otra vez en un chino, y pude comprobar cómo me pude comunicar exitosamente en francés con una china.
Probé si, por casualidad, funcionaba mi difunto teléfono y —¡aleluya!— funcionó. Parece ser que se secó y ya funciona.
lunes, 15 de diciembre de 2008
Más desgracias y consuelos
¿Por qué se me pasaría por la cabeza seguir la línea hasta la estación de los Benedictinos si la línea 8 no pasa por allí? Bueno, una variante pasa cerca, pero la variante que tomé yo no. Así pues, me tuve que bajar en la última parada sin saber dónde estaba, pues estaba fuera de mi plano, sin nadie a quién preguntar, pues a esas horas Francia está muerta, ni autobuses en sentido contrario, pues ya había salido el último. Un poco intuitivamente, y con la información del plano esquemático de las líneas de autobuses, seguí por una calle que parecía llegar a zona más urbana. Llegué a enfilar una avenida que tenía bien iluminada al fondo la torres gótica de la iglesia, lo que me confirmaba que iba bien y sin rodeos. Parecía que subía, pero lo hacíamos para pasar las vías del tren.
Cuando llegué a las ciudad vieja, me puse a buscar un restaurante donde cenar. Sólo encontré una calle donde los hubiera, y pocos abiertos. Entré en un chino, donde suponía que tendría menos problemas de idioma, y así fue. Era una chino de bufet libre, con lo que no necesité comunicarme para poder comer lo que quise. Es lo que me gustaba de los restarantes a quilo brasileños, que son WYSIWYG, como diría van der Hoeven.
A la vuelta a la habitación, puede comprobar cómo el teléfono se había mojado más de los que yo creía. Requiescat in pace, sit Nokiae terra levis. Para utilizar como despertador, conseguí configurar una alarma de una agenda del ordenador, subiendo mucho el volumen y dejándolo cerca de la cama.
Cuando llegué a las ciudad vieja, me puse a buscar un restaurante donde cenar. Sólo encontré una calle donde los hubiera, y pocos abiertos. Entré en un chino, donde suponía que tendría menos problemas de idioma, y así fue. Era una chino de bufet libre, con lo que no necesité comunicarme para poder comer lo que quise. Es lo que me gustaba de los restarantes a quilo brasileños, que son WYSIWYG, como diría van der Hoeven.
A la vuelta a la habitación, puede comprobar cómo el teléfono se había mojado más de los que yo creía. Requiescat in pace, sit Nokiae terra levis. Para utilizar como despertador, conseguí configurar una alarma de una agenda del ordenador, subiendo mucho el volumen y dejándolo cerca de la cama.
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