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jueves, 17 de julio de 2008

bañados por el Pacífico

El miércoles 9 por la mañana, como los huelguistas estaban convergiendo al centro, nosotros fuimos al distrito costero de Miraflores. Este barrio de Miraflores parece otra ciudad; es el barrio más noble de Lima. Dice Jorge que algunos turistas es el único barrio por el que se mueven y no conocen la verdadera Lima. Para conocer Lima hay que viajar en combi.
Después de almorzar [aquí no dicen comer sino almorzar] cebiche y otros platos típicos, nos acercamos al mar. Lima está sobre un acantilado, de espaldas al mar. De hecho, su puerto es El Callao, que es otra provincia peruana, ahora unido por un continuo urbano. Hicimos un circuito cerrado desde el mirador de Larcomar, yendo por el malecón sobre el acantilado y volviendo por la playa. Si se puede llamar playa, pues bien merecía el nombre de praia das areas gordas, como aquélla de los aquelarres. Tan gordas como que son verdaderos cantos rodados. Metimos los pies en el Pacífico y comprobamos cuán temerosos podían ser las piedras grises de la playa cuando las arrastraban las olas sobre los deditos del pie.
Regresamos hasta Larcomar y tomamos un helado de alguna fruta rara. Tengo el propósito de aprenderme al menos 30 frutas. Por ahora me sé mango, papaya, maracuyá, lúcuma y durazno, aunque este último no es sino un antiguo nombre castellano [cfr. Libro de Buen Amor] para el melocotón. Era curioso como las terrazas de las cafeterías tenían mosquetones para poder amarrar los bolsos a la silla y evitar a los carteristas.
Para regresar, tomamos un desvío para pasar por la huaca Pucllana, un templo precolombino. Al acercarnos parecía una montaña, pero al acercarnos, esa inmensa montaña de arcilla se perfilaba como una pirámide truncada de adobe. Era curioso como la gente que pedía dinero, cuando les despedías sin dar, te respondían "que Dios los bendiga".

martes, 8 de julio de 2008

Nox Aeterna

Hoy es el día más largo que he vivido jamás, tras una noche eterna. El cambio de hora de octubre nos proporciona un día de 25 horas, pero hoy se me presenta un día de 31 horas. ¡Temeroso! Tenemos 7 horas de reloj de diferencia horaria, pero sólo 5 horas de diferencia de costumbres. La costumbre española de colocar el mediodía solar a las 14 horas del reloj es lo suficientemente tardía como para no haberla traído aquí.
Salimos de Palacios después de comer para tomar el AVE hasta Madrid. Jorge nos recomendó ir en taxi de Chamartín a Barajas, para poder facturar 3 horas antes de embarcar, a pesar de lo cual sólo quedaban sitios sueltos de interior cuando facturamos. Me cené los dos bocatas a la hora normal de la Resi y después entramos a embarcar. Despegamos al filo de la medianoche, y nos ofrecieron la cena entre la 1 y las 2 de la madrugada, justo después del ascenso. Avisaron de que nos darían el desayuno justo antes del descenso para aterrizar. No me resultó nada extraño, pues, desayunar a las 9 de la mañana, según el horario español, pero es que en Lima eran las 4 de la madrugada.
Y yo me preguntó ¿cuál es la hora en el avión? Yo cambié la hora después de desayunar, así que tenía ganas de volver a desayunar a las 8 en el hotel. Bueno, como que nuestro estómago entiende que es la 1 de mediodía y quiere comer. Escribo estas líneas después de haber desayunado y antes de marchar a conocer el IMCA, donde comeremos, por supuesto. Aquí la comida dice Jorge que es ridiculamenete barata.
Se me presenta un día gris después de una noche eterna. Lima es una ciudad sombría, mantengo mi primera impresión, donde no ha aumentado apenas la luz desde aquella penumbra que nos recibió en el aeropuerto del Callao.