Siguiendo el relato de este martes inacabable, fuimos al IMCA en combi, un curiosos autobuses urbanos que funcionan en Lima. Son unas furgonetas, pintadas de los colores de la línea que cubren, donde el cobrador va cantando los destinos, tales como Arequipa-Tacna-Wilson o Farmacia-Patricia-Musa, con un tonillo especial que les caracteriza. Te cobran un sol por trayecto, aunque en la lista oficial de precios ponga S/.1.20. [La moneda oficial es el nuevo sol, S/.1, aunque todavía se manejen demasiado los dólares.] La gente va apiñada dentro de las combis, aunque me parecen más seguras que los autobuses AUVASA. De hecho, si te fijas bien por las ventanillas, puedes dejar pasar las combis llenas y tomar con plaza sentada, y todo ello en menos tiempo que la frecuencia de una línea de AUVASA.
Me cebo mucho con la mierda de autobuses que tenemos en Valladolid, pero con semejante transporte público, no es de esperar que la gente tome vehículo privado. Aquí en Lima, la mayoría de los vehículos que circulan son de transporte público y es difícil ver un coche privado por las calles de Lima. Aquél que tiene vehículo propio, o es rico, o lo explota comercialmente. Aquí la gente conduce de pena y no hace más que pitar. Vivo al lado de una gran avenida y más que motores oigo los pitidos. Tampoco respetan los pasos de cebra, por lo que sólo nos salva de ser atropellados la escasa densidad de tráfico. Bueno, tampoco hay tanta diferencia con esos cruces sin pasos de peatones que hay por Valladolid y de los que yo me encuentro inexcusablemente uno de camino a Ciencias.
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jueves, 10 de julio de 2008
martes, 8 de julio de 2008
Nox Aeterna
Hoy es el día más largo que he vivido jamás, tras una noche eterna. El cambio de hora de octubre nos proporciona un día de 25 horas, pero hoy se me presenta un día de 31 horas. ¡Temeroso! Tenemos 7 horas de reloj de diferencia horaria, pero sólo 5 horas de diferencia de costumbres. La costumbre española de colocar el mediodía solar a las 14 horas del reloj es lo suficientemente tardía como para no haberla traído aquí.
Salimos de Palacios después de comer para tomar el AVE hasta Madrid. Jorge nos recomendó ir en taxi de Chamartín a Barajas, para poder facturar 3 horas antes de embarcar, a pesar de lo cual sólo quedaban sitios sueltos de interior cuando facturamos. Me cené los dos bocatas a la hora normal de la Resi y después entramos a embarcar. Despegamos al filo de la medianoche, y nos ofrecieron la cena entre la 1 y las 2 de la madrugada, justo después del ascenso. Avisaron de que nos darían el desayuno justo antes del descenso para aterrizar. No me resultó nada extraño, pues, desayunar a las 9 de la mañana, según el horario español, pero es que en Lima eran las 4 de la madrugada.
Y yo me preguntó ¿cuál es la hora en el avión? Yo cambié la hora después de desayunar, así que tenía ganas de volver a desayunar a las 8 en el hotel. Bueno, como que nuestro estómago entiende que es la 1 de mediodía y quiere comer. Escribo estas líneas después de haber desayunado y antes de marchar a conocer el IMCA, donde comeremos, por supuesto. Aquí la comida dice Jorge que es ridiculamenete barata.
Se me presenta un día gris después de una noche eterna. Lima es una ciudad sombría, mantengo mi primera impresión, donde no ha aumentado apenas la luz desde aquella penumbra que nos recibió en el aeropuerto del Callao.
Salimos de Palacios después de comer para tomar el AVE hasta Madrid. Jorge nos recomendó ir en taxi de Chamartín a Barajas, para poder facturar 3 horas antes de embarcar, a pesar de lo cual sólo quedaban sitios sueltos de interior cuando facturamos. Me cené los dos bocatas a la hora normal de la Resi y después entramos a embarcar. Despegamos al filo de la medianoche, y nos ofrecieron la cena entre la 1 y las 2 de la madrugada, justo después del ascenso. Avisaron de que nos darían el desayuno justo antes del descenso para aterrizar. No me resultó nada extraño, pues, desayunar a las 9 de la mañana, según el horario español, pero es que en Lima eran las 4 de la madrugada.
Y yo me preguntó ¿cuál es la hora en el avión? Yo cambié la hora después de desayunar, así que tenía ganas de volver a desayunar a las 8 en el hotel. Bueno, como que nuestro estómago entiende que es la 1 de mediodía y quiere comer. Escribo estas líneas después de haber desayunado y antes de marchar a conocer el IMCA, donde comeremos, por supuesto. Aquí la comida dice Jorge que es ridiculamenete barata.
Se me presenta un día gris después de una noche eterna. Lima es una ciudad sombría, mantengo mi primera impresión, donde no ha aumentado apenas la luz desde aquella penumbra que nos recibió en el aeropuerto del Callao.
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