Este lunes no tenía clase por la tarde, pero había planeado ir a unos exámenes de qualificação, para ver como eran. Como no veía aparecer a nadie más, pregunté si no era costumbre que asistiera gente, aunque fueran públicos. Yo me esperaba que los examinados prefirieran que fuera gente, como en una tesis, pero parece que es al contrario. Como me encontré con un montón de tiempo libre en horas diurnas y el fin de semana suele hacer mal tiempo, decidí hacerme una escapada a la Vista Chinesa, que es un sitio cercano al IMPA al que se debe ir de día y con buen tiempo.
Como dije al principio, más allá del IMPA, la selva; pues sí, la Reserva Nacional da Tijuca. La carretera Doña Castorina a cuyo comienzo está el IMPA, continúa adentrándose en la selva. Subí sólo hasta la Vista Chinesa, que es un mirador con un porche octogonal estilo chino. Está a 4km desde el IMPA, según Google Earth, lo que en total hacen 8km de paseo. Desde allí se veían perfectamente todos los barrios que rodean a la Laguna. Desde esta altura, ya el IMPA no me parece tan alto.
Encontré una cosa curiosa a mitad de camino. Al parecer, se trataba de un santuario a los espíritus de la selva. La gente encendía velas y dejaba ofrendas. Lo más curioso era un cartel que decía “escucha la palabra de la divinidades” y atribuía a cada uno de los espíritus unos consejos. Todos venían a decir “me agrada tu oración y con ella me basta”. Por ejemplo, la divinidad de la mata decía “no dejes velas encendidas, pues podrías quemar mis árboles”; la divinidad de las aguas decía “no dejes ofrendas en mis arroyos, pues podrías contaminar mis aguas”.
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viernes, 5 de septiembre de 2008
viernes, 18 de julio de 2008
"Dios te ama"
Las combis suelen tener imágenes de Cristo o de la Virgen e inscripciones como "Dios te ama". Supongo que, de la manera que conducen, necesitan encomendarse a Dios y a todos los Santos para salvarse. Los daños personales, ahora que hay seguro obligatorio, los cubre el SOAT. Ayer jueves 17 viajamos en una combi que, en lugar de cristos ni vírgenes, tenía una imagen de Chuck Norris. El autobusero debe ser ateo o creer que le brindará mayor protección en caso de disputa por un accidente (que las hay) la patada giratoria de Chuck Norris que un hombrecillo con cara de bueno que ama a todo el mundo.
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jueves, 17 de julio de 2008
bañados por el Pacífico
El miércoles 9 por la mañana, como los huelguistas estaban convergiendo al centro, nosotros fuimos al distrito costero de Miraflores. Este barrio de Miraflores parece otra ciudad; es el barrio más noble de Lima. Dice Jorge que algunos turistas es el único barrio por el que se mueven y no conocen la verdadera Lima. Para conocer Lima hay que viajar en combi.
Después de almorzar [aquí no dicen comer sino almorzar] cebiche y otros platos típicos, nos acercamos al mar. Lima está sobre un acantilado, de espaldas al mar. De hecho, su puerto es El Callao, que es otra provincia peruana, ahora unido por un continuo urbano. Hicimos un circuito cerrado desde el mirador de Larcomar, yendo por el malecón sobre el acantilado y volviendo por la playa. Si se puede llamar playa, pues bien merecía el nombre de praia das areas gordas, como aquélla de los aquelarres. Tan gordas como que son verdaderos cantos rodados. Metimos los pies en el Pacífico y comprobamos cuán temerosos podían ser las piedras grises de la playa cuando las arrastraban las olas sobre los deditos del pie.
Regresamos hasta Larcomar y tomamos un helado de alguna fruta rara. Tengo el propósito de aprenderme al menos 30 frutas. Por ahora me sé mango, papaya, maracuyá, lúcuma y durazno, aunque este último no es sino un antiguo nombre castellano [cfr. Libro de Buen Amor] para el melocotón. Era curioso como las terrazas de las cafeterías tenían mosquetones para poder amarrar los bolsos a la silla y evitar a los carteristas.
Para regresar, tomamos un desvío para pasar por la huaca Pucllana, un templo precolombino. Al acercarnos parecía una montaña, pero al acercarnos, esa inmensa montaña de arcilla se perfilaba como una pirámide truncada de adobe. Era curioso como la gente que pedía dinero, cuando les despedías sin dar, te respondían "que Dios los bendiga".
Después de almorzar [aquí no dicen comer sino almorzar] cebiche y otros platos típicos, nos acercamos al mar. Lima está sobre un acantilado, de espaldas al mar. De hecho, su puerto es El Callao, que es otra provincia peruana, ahora unido por un continuo urbano. Hicimos un circuito cerrado desde el mirador de Larcomar, yendo por el malecón sobre el acantilado y volviendo por la playa. Si se puede llamar playa, pues bien merecía el nombre de praia das areas gordas, como aquélla de los aquelarres. Tan gordas como que son verdaderos cantos rodados. Metimos los pies en el Pacífico y comprobamos cuán temerosos podían ser las piedras grises de la playa cuando las arrastraban las olas sobre los deditos del pie.
Para regresar, tomamos un desvío para pasar por la huaca Pucllana, un templo precolombino. Al acercarnos parecía una montaña, pero al acercarnos, esa inmensa montaña de arcilla se perfilaba como una pirámide truncada de adobe. Era curioso como la gente que pedía dinero, cuando les despedías sin dar, te respondían "que Dios los bendiga".
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