Este domingo, como al final hizo bueno, fui a Botafogo. Tomé como referencia la parada de la vez anterior, frente al Botafogo Praia Shopping. Llegué a la hora de almorzar, así que lo primero que hice fue entrar a un restaurante a quilo. Jorge se preguntaba por qué la gente, en los restaurantes a quilo, se servía paletadas inmensas de arroz, que es lo más barato, ya que todo te lo pesan junto. Allí te anuncian un precio oficial, pero sólo es válido para lo que ellos consideran una comida razonable: mitad plato de fondo, mitad acompañamiento. Si no lo tomas así, que aplican otro precio superior que está escrito antes de la báscula, pero no en el exterior. Tampoco es tan caro el precio de sólo plato de fondo, así que es lo que me serví y lo que pagué.
Después de comer, me decidí a pasear por la playa de Botafogo, que no es nada del otro mundo. Dicen que a la gente no le gusta porque está sucia a causa del puerto. Paseé por toda la ensenada de Botafogo, hasta el final de la paya de Flamengo, teniendo como paisaje de fondo el Pan de Azúcar. Nótese que el Botafogo y el Flamengo son dos equipos de fútbol rivales.
Se veía al fondo el aeropuerto Santos Dumont. Es un aeropuerto pequeñísimo, con una pista tan corta que a los pilotos se exige un mínimo bastante grande de horas de vuelo. Casi todos los vuelos se han llevado al Galeão, pero el puente aéreo con São Paulo se hace ahí, porque está adyacente al centro financiero.
Santos Dumont fue un francobrasileño pionero de la aviación. En la placa conmemorativa que tiene en su plaza epónima, asegura que fue el primer hombre en volar con una máquina autopropulsada más pesada que el aire. Empezó trabajando con globos en París, de ahí se pasó a dirigibles y continuó. Acabó sus días en São Paulo viendo como los hermanos Wright se habían llevado el reconocimiento que él merecía, enfermo y triste al ver como se hacía uso bélico de sus inventos. Se suicidó y fue entonces cuando los brasileños supieron apreciar lo que tenían.
A la vuelta, tenía vista del Corcovado, pero estaba nublado y el Cristo Redentor se veía de tanto en tanto. Como tenía sed, probé el coco gelado, que se vendía a R$2 en los chiringuitos. Tienen una nevera llena de agua fría y cocos, cocos verdes y llenos de líquido. Cuando tú pides un coco, el tío saca uno de la nevera y, con un machete, le pega cuatro tajos. Un tajo en la base, para poderlo apoyar o agarrar mejor. Tres tajos arriba, para abrir un triangulito por donde meter la pajita. Por cierto, que en Hispanoamérica no dicen pajita, porque entienden lo que nosotros pajilla; dicen sorbete o pitillo, según el país.
Entre la última calle y la playa hay una vía expresa, pero estaba cerrada por ser domingo, por lo que la gente la utilizaba para pasear. Cuando se puso el sol, entré al Shopping de Botafogo y estuve husmeando un poco, y compré en el supermercado Lojas Americanas, para no tener que bajar a comprar a Jardim Botânico.
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lunes, 25 de agosto de 2008
viernes, 22 de agosto de 2008
Zona Sul
Al llegar a casa, doña Celia me dijo que en el Zona Sul tenían pizzas en promoción. Resulta que tenía hambre, pocas ganas de cocinar y, como puede comprobar haciendo inventario, no tenía suficientes abarrotes para desayunar al día siguiente. Así pues, bajé al Zona Sul caminando con intención de volver en ómnibus, cenado y abarrotado.
No sé si lo he comentado antes, pero el Zona Sul es un supermercado de productos más selectos (frente al Pão de Açúcar, que es más popular) y tiene una sección que es restaurante. Me sigue pareciendo extraño, pero allí se puede desayunar con buffet al peso y comer o cenar pizzas y lasañas cocidas en horno de leña que tiene allí mismo. Toda esta comida, al igual que algunos productos del autoservicio, tienen un PVP y un precio de oferta para clientes con tarjeta. Doña Celia me dio el número de la suya para que me pueda aprovechar de esos descuentos. El descuento con cartão Zona Sul suele ser del 10%, pero algunos días hacen promoción especial y hacen descuentos mayores en productos concretos. Por ejemplo, las lasañas tienen un fuerte descuento de lunes a jueves a la hora de almorzar; supongo que porque tienen menos demanda.
Ese día estaba en promoción una de las pizzas más caras. El descuento para clientes con tarjeta de fidelización llegaba al 50%, haciéndola la más barata. La oferta era sólo para ese día; no sé por qué. Supongo que será que pueden permitirse reducir el precio si hacen en cantidad, y de esta manera se garantizan concentración de la demanda. Con el estómago lleno me puse a comprar abarrotes y casi desvalijé el supermercado. En total me gasté R$54, que aquí debe ser una pasta.
Por cierto, es casi imposible encontrar jabón en gel. Tiene estanterías enteras llenas de champúes y de acondicionadores, y de jabón en pastilla, pero de gel nada. Supongo que será una cuestión cultural, y que se duchen con pastilla, lo mismo que aquí la sacarina no se encuentra en pastillas sino líquida.
No sé si lo he comentado antes, pero el Zona Sul es un supermercado de productos más selectos (frente al Pão de Açúcar, que es más popular) y tiene una sección que es restaurante. Me sigue pareciendo extraño, pero allí se puede desayunar con buffet al peso y comer o cenar pizzas y lasañas cocidas en horno de leña que tiene allí mismo. Toda esta comida, al igual que algunos productos del autoservicio, tienen un PVP y un precio de oferta para clientes con tarjeta. Doña Celia me dio el número de la suya para que me pueda aprovechar de esos descuentos. El descuento con cartão Zona Sul suele ser del 10%, pero algunos días hacen promoción especial y hacen descuentos mayores en productos concretos. Por ejemplo, las lasañas tienen un fuerte descuento de lunes a jueves a la hora de almorzar; supongo que porque tienen menos demanda.
Ese día estaba en promoción una de las pizzas más caras. El descuento para clientes con tarjeta de fidelización llegaba al 50%, haciéndola la más barata. La oferta era sólo para ese día; no sé por qué. Supongo que será que pueden permitirse reducir el precio si hacen en cantidad, y de esta manera se garantizan concentración de la demanda. Con el estómago lleno me puse a comprar abarrotes y casi desvalijé el supermercado. En total me gasté R$54, que aquí debe ser una pasta.
Por cierto, es casi imposible encontrar jabón en gel. Tiene estanterías enteras llenas de champúes y de acondicionadores, y de jabón en pastilla, pero de gel nada. Supongo que será una cuestión cultural, y que se duchen con pastilla, lo mismo que aquí la sacarina no se encuentra en pastillas sino líquida.
martes, 12 de agosto de 2008
Las compras
En este país de cutres, hay cosas que no se pueden comprar en una tienda, sino en puestos ambulantes no siempre atendidos. Ya tuve un problema para copiar una llave. Me dijeron que había una caseta de cerrajería bajando nuestra calle, enfrente del edificio de Globo. Lo hay, efectivamente, y estaba abierto, pero no atendía nadie. Menos mal que apareció una señora con la misma intención que yo y se informó en los locales circundantes de dónde podíamos copiar las llaves. Al final me llevó a otra caseta cercana y allí copiamos las llaves. Costaba R$5, muy caro comparado con España.
Otra cosa que me dicen que sólo se puede comprar en puesto ambulantes es un paraguas. Además, esos puestos ambulantes están sólo abajo, en la calle principal, por la mañana o los días de lluvia. Es muy oportunista para la gente que vive por allí, pero para mí es lo peor. El sábado perdí la oportunidad porque divisé uno,m pero cuando me ecerqué a comprar, ya había volvado. Al final puede comprarlo el lunes a mediodía.
Otra cosa que me dicen que sólo se puede comprar en puesto ambulantes es un paraguas. Además, esos puestos ambulantes están sólo abajo, en la calle principal, por la mañana o los días de lluvia. Es muy oportunista para la gente que vive por allí, pero para mí es lo peor. El sábado perdí la oportunidad porque divisé uno,m pero cuando me ecerqué a comprar, ya había volvado. Al final puede comprarlo el lunes a mediodía.
lunes, 11 de agosto de 2008
Have you ever seen the rain? (2)
Discúlpeme Schumacher por haber olvidado que a ella también le gustaba la canción de la que he tomado el título. Prometí una segunda parte cuando lloviera en serio, y hoy domingo 10 está lloviendo en condiciones. [Yo fecho las anotaciones en el momento que las escribo, Blogspot las fecha en el momento en que se publican.] También llovió el martes, a la salida de la cena de defensa de tesis de un alumno persa, y nos jodió el pequeño trayecto a la parada de autobuses. Ahora está lloviendo en serio: fuerte y continuo, con intervalos de muy fuerte.
Fastidia bastante porque renuncias a salir a cualquier lado. Mirándolo bien, es una suerte que me haya pillado en domingo, dentro de casa y sin planes como subir al Corcovado. De hecho, la información meteorológica dice que mañana estará soleado, lo que es una buena noticia. Creo que lo mejor es que llueva de madrugada, pero si tiene que llover durante 24h, que sea un domingo.
El primer día que llovió, perdí el paraguas. Bueno, no lo perdí, porque sabía dónde lo había dejado escurriendo; simplemente lo dejé olvidado en el IMPA, porque al salir ya no llovía, y me lo distrajeron. Por eso ahora temo la lluvia, porque no sé [me remito a entradas sucesivas] dónde encontrar otro. Dicen que me puede costar R$10, lo que vienen a ser 4€. No sé cuánto me costó el que perdí, que lo compré a los chinos de Bajada de la Libertad. Ya había perdido la funda, ocupaba mucho, y se daba la vuelta, pero este paraguas tenía recuerdos asociados.
Espero no perder también el reloj, aunque siempre que me lo quito, si estoy fuera de mi habitación, lo meto al bolsillo automáticamente. Cuando voy por la calle me quito el reloj, porque es una provocación al atraco exhibir aparatos electrónicos.
Fastidia bastante porque renuncias a salir a cualquier lado. Mirándolo bien, es una suerte que me haya pillado en domingo, dentro de casa y sin planes como subir al Corcovado. De hecho, la información meteorológica dice que mañana estará soleado, lo que es una buena noticia. Creo que lo mejor es que llueva de madrugada, pero si tiene que llover durante 24h, que sea un domingo.
El primer día que llovió, perdí el paraguas. Bueno, no lo perdí, porque sabía dónde lo había dejado escurriendo; simplemente lo dejé olvidado en el IMPA, porque al salir ya no llovía, y me lo distrajeron. Por eso ahora temo la lluvia, porque no sé [me remito a entradas sucesivas] dónde encontrar otro. Dicen que me puede costar R$10, lo que vienen a ser 4€. No sé cuánto me costó el que perdí, que lo compré a los chinos de Bajada de la Libertad. Ya había perdido la funda, ocupaba mucho, y se daba la vuelta, pero este paraguas tenía recuerdos asociados.
Espero no perder también el reloj, aunque siempre que me lo quito, si estoy fuera de mi habitación, lo meto al bolsillo automáticamente. Cuando voy por la calle me quito el reloj, porque es una provocación al atraco exhibir aparatos electrónicos.
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